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- 2022
Finca La Font des Pères
Situada en las alturas de Le Beausset, a pocos kilómetros de Bandol, la finca La Font des Pères se integra en un paisaje de empinadas terrazas, esculpidas pacientemente a lo largo de los siglos. Aquí, la viña nunca se separa del lugar: se adapta a la pendiente, a la piedra y a la luz, en un entorno tan exigente como espectacular.
La historia de la finca se remonta al siglo XVI, cuando unos monjes observantes se instalaron en estas tierras ricas en manantiales naturales. Allí desarrollaron cultivos de subsistencia y las primeras viñas, lo que dio nombre al lugar: «la Font» por el agua, y «les Pères» por quienes lo explotaban. Esta dimensión histórica sigue marcando la identidad de la finca, profundamente arraigada en su entorno.
La aventura actual comienza en 2010, cuando Caroline y Philippe Chauvin se enamoran de este paraje recóndito. Acostumbrados desde el principio más al mar que a la tierra, perciben de inmediato el potencial del terruño y de su orientación. Las seis hectáreas de viñedos, encaramadas a las laderas, se van recuperando poco a poco con un enfoque cuidadoso, respetuoso con el relieve y con la vida.
En la actualidad, los vinos se elaboran bajo las denominaciones de origen Bandol, Côtes de Provence e IGP Mont-Caume, y toda la finca se gestiona según los principios de la agricultura ecológica. Las cosechas reflejan el carácter soleado de la zona sin perder su firmeza: vinos francos y estructurados, con una frescura muy agradable, que son un reflejo directo del trabajo en los suelos y de la altitud relativa de las parcelas.
Pero La Font des Pères no se limita al vino. La finca desarrolla una visión global del arte de recibir, en la que la cata, la gastronomía y el paisaje dialogan constantemente. El restaurante-posada, situado en pleno corazón de los viñedos, ofrece una cocina concebida como una prolongación natural de los vinos: clara, arraigada en el producto y sin artificios.
En La Font des Pères, el vino nunca está aislado. Forma parte de un contexto, un momento, una mesa, un paisaje. La experiencia se basa en ese equilibrio entre la exigencia vitivinícola, el placer gastronómico y una sencillez asumida. Un lugar único, donde el entorno influye tanto en el vino como en la forma de compartirlo.